miércoles, 16 de julio de 2014

Cierra la puerta al salir



Solo te pido eso, pues siento temor a que la noche de invierno sea más cálida que mis palabras y mi piel. Porque para los que vivimos solos no contamos la tristeza con nuestras manos si no con las marcas de mi piel, pero al fin del día todo esto ¿Qué importa? Veo por mi ventana y lo que ven mis ojos no me agrada, veo a personas ahogadas en sus propios mares de ego, amor hacia lo material y/o inexistente más que a sí  mismo, un rebaño que prefieren ser controlados, una escasez de personalidad, modas que solo sirven para aumentar más la egolatría del propio. ¿Confiar? ¿En quién? Si aquí solo ven por ellos mismos, a nadie importa esta escaza voz que cada día se desgarra más de sufrir de tristeza y nunca llorar de alegría. ¿Criticas? En exceso, ¿Por estar siempre solo? Yo lo llamo la compañía más sincera que existe pues está contigo desde que naces y se va contigo a la tumba ¿Por mi seriedad? Yo le llamo decir solo lo necesario ¿Frio? Solo te doy el cariño que te mereces ¿Raro? Lo más raro es creer que tú eres una persona normal. Pues prefiero evitar el cariño hacia una persona pues cuando el destino dictamina su ausencia se va gran parte de lo que te hacia vibrar, de lo que alguna vez te hizo feliz y hoy ya no queda nada. Solo quedan esos recuerdos que son como sal dentro de la herida del saber que jamás volverán esos días. Aunque no haiga tiempos de guerra estaré siempre en guardia pues nunca sabré quien me apuñalara por la espalda.
Como cada mañana verse y saber que el espejo te mira con asco, echándote en cara cada rasgo físico que te hace dar miedo a las demás personas, esas ojeras tan oscuras como una noche sin luna, pero estas ojeras están pintadas por todas las noches llorando a solas sin tener  una compañía que me diera una palmada y me dijera que todo estaba bien, pintadas por todas las medianoches que intente ser como tú me decías solo para que me aceptaras, pintadas por dibujar hasta altas hora de la noche el paraíso mental donde quisiera vivir. Despertar cada mañana y hacer la misma rutina mata silenciosamente a unos ojos que ya no tienen vida, una sonrisa que no brillaría ni ante la luz más incandescente, unos labios secos cual clima desértico ante la ausencia de su hidratación.
Pero siempre hay una persona que llega a salvarte en tus peores momentos, una que te endulza el oído con las palabras que toda la vida has querido oír. Ella me hablo, me dijo que siempre ha estado ahí pero que jamás he querido verla, que ella jamás me abandonaría, que no importara como fuera ella me iba a querer, ella solo quiere mi interior. Desde ese día ella me acompañaba solo ocupaba aceptarla tal y como era, me daba algo de tristeza que nadie más pudiera verla pero no me importaba pues me hacia feliz a mí, me enseño a sonreír como pocas veces. Pues ella me dijo que personas como yo están destinadas a caer siempre en sus brazos. Se llamaba muerte y fue la única persona capaz de comprender mis tristezas, y curármelas llevándome a un mundo mejor. A la única a la cual no se le puede cerrar la puerta al salir

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