Desde
que nació decían que era hija de la luna y amante del sol, una bella primavera
en mes de diciembre. Un regalo para los
que ven el amanecer por las noches. Sus padres se preguntaban ¿Por qué nunca
llora? Inclusive el día de su nacimiento no lloró, solamente gimió tímidamente
seña de que estaba respirando. Una bella creación desde sus primeros meses de
vida, no era novedad que su nombre fuera Flor, viniendo de una madre naturista
y un padre ecologista. Pasaron los meses y al llegar a su primer año, con la
inocente ambición de poder caminar, de conocer el primer gran y diminuto
problema, los primeros tropiezos, las primeras venditas, pero ella se negaba a
llorar, solamente se ponía de pie, con sus dos piernas aun necesitadas de un
equilibrio, sus padres, angustiados por el extraño caso de su hija decidieron
llevarlo al médico que le tenían mayor confianza, pero después de estudios y
rigurosos análisis no encontraron ninguna enfermedad o síndrome que le
estuviera causando eso, por lo que solamente le recomendaron tomar abundantes
líquidos pues la respuesta más convincente parecía ser la de que sufría
deshidratación crónica. Los años pasaron y Flor creció con inmensa
seriedad, pronunciando su primera
palabra a la alargada edad de dos años. Los años pasaron y llego la edad cuando
se debía cursar el jardín de niños, fue en ese momento cuando por primera vez
probo la delicia y el pecado de la inocencia, los niños con los que se rodeo le
mostraron a Flor, el mundo inocente que le rodeaba, apago su mente por un segundo
y dio paso a que la imaginación hiciera su trabajo, conoció a lo que los niños
llamaban Santa Claus y al parecer era un hombre muy bondadoso por lo que le
contaron, daba regalos a todos los niños del mundo durante navidad, Flor se
encontraba más que fascinada con la idea, no podía creer que existía una
persona que fuera tan bondadosa como para hacer felices a todos los niños del
mundo. Ese mismo día Flor fue corriendo con su madre a contarle lo que había
escuchado, su madre era la mujer en la que mas podía confiar, sabía que jamás
le mentiría, por eso le pregunto si realmente existía, su madre al ver su
rostro lleno de emoción y alegría, algo que pocas veces había visto en ella le
confirmo que si existía, pero lo único que él pedía era que se portara bien
durante lo que quedaba del año, a partir de ese momento Flor, con la ilusión de
ver en diciembre a ese hombre y recibir de sus propias manos el regalo, se
comporto de manera ejemplar en su jardín de niños, con su familia y amigos.
El mes
de diciembre por fin había llegado, el frio había arrebatado las hojas de los
mas frondosos árboles y los días nublados que parecían más bien oscuros se
hacían cada vez más frecuentes, heladas y pequeños rastros de pisos nevados
comenzaban a amenazar la salud de Flor, incluyendo la de su padre, pero el
destino fue más cruel con él, sufrió de infarto y quedo en coma durante varios
meses. Flor no lograba comprender lo que ocurría con su padre. Por lo que su
madre solamente le dijo que estaba durmiendo porque estaba muy cansado de
trabajar por tantos años y que probablemente tardaría mucho en despertar. Ese
mismo día, Flor escribió su carta a Santa Claus, pidiéndole un favor, un
intercambio si deseaba tomarlo así, no traerle un regalo jamás a cambio de que
su padre despertara algún día, resalto con color negro la frase “Algún día”
Pues sabía que no debía presionar a una persona tan bondadosa, y exigirle un
día en especifico seria abusar de la bondad de aquel buen hombre, le pedía que
por favor le diera algo para que lo despertara, que él lo necesitaba más que
ella. Paso navidad y Flor dio por aceptado el trato de Santa Claus al no haber
regalos bajo su árbol de navidad, y desde ese día, asistía diariamente sin
retraso alguno al hospital, deseaba con tantas ansias contarle todo lo que
había aprendido, todo lo que había visto. Cada día le contaba un cuento
diferente a su padre, esperando que cuando ella se equivocaba en la
pronunciación de ciertas silabas, el despertara para corregirla, pero parecía
no funcionar y fue cuando hizo cualquier cosa, desde llevar un zapato de un
color y el otro de un color distinto para que despertara y la regañara para que
se cambiase cuando pudiera, ponerse ropa nueva para que despertara y le dijera
lo hermosa que se veía, pero nada funcionó.
Cuando
cumplió 10 años quiso festejar su cumpleaños en el cuarto de su padre, quería
comer pastel, incluso le dejaría que soplara las velas si lo quería, su madre
sollozaba pero siempre fingía al estar cerca de Flor, no querían preocuparla,
no quería verla llorar, ella nunca ha sido así, decidieron esconderle la verdad
diciéndole que no podría ver a su padre porque se había ido a trabajar al
extranjero, pero no Flor no podía creer lo que le decían, papa jamás se iría
sin antes despedirse de mí, decía entre pensamientos. Por lo que, cuando nadie
veía, se infiltro en el cuarto, y en la cama donde estaba su padre se
encontraba un cuerpo cubierto por una sabana, la curiosidad invadía su
inocencia aun de infante, por lo que no pudo evitar, remover la sabana, pero lo
que vio fue algo que destrozo su inocencia por siempre, ver a su padre
descolorido, con su boca y ojos abiertos y con un olor terrible fue lo que
despertó el terror en Flor, quería gritar del pánico, pero callo esos gritos
por miedo a que la descubrieran. Aun a pesar de su corta edad, ella sabía con
perfección lo que era la muerte y sabía que su padre estaba muerto. Pero la
niña no pudo llorar, solamente acepto el destino, se puso de pie como cuando
intentaba caminar.
Al no
tener una figura paterna que pudiera guiarla y enseñarle como debe actuar un
verdadero caballero. No socializaba con ningún hombre, no podía sentir
atracción, jamás sintió lo que era el amor. Llegaron docenas de hombres
pidiéndole ser su novia, ella solo aceptaba por simple respuesta de reflejo.
Pero no era más que cuestión de tiempo para que sus novios se aburrieron al
darse cuenta de que era demasiado “fría” jamás dijo un “Te quiero” le importaba
muy poco si su novio estaba o no con él. No encontraba algo que compartir con
ninguno de los 8 hombres que pasaron por su vida. Solo veía el cielo mientras
llovía, su vestido de noche volvía a desvanecerse al sentirse en la soledad tan
compañera. Al irse su padre se fue todo aquello que pudo haber aprendido, pero
no lloraba, solamente aceptaba el destino tal y como fuera. Su madre preocupada
por ella intento llevara a docenas de psicólogos pero ella sonriendo decía “No
madre, gracias” Con una sonrisa demasiado convincente, incluso podría parecer
que fuera la persona más positiva del mundo, pero la realidad era otra. Los
años fuero impregnados en su piel y termino sus estudios. Pasado un tiempo
consiguió un trabajo donde podía estar sola, alejada de las personas que, no
odiaba, pero tampoco sentía una necesidad por establecer lazos sociales con alguno
de ellos.
Durante
su cumpleaños número 24 tuvo que quedarse en casa debido a que era su día
libre, y al no tener mayor cosa que hacer, decidió realizar una limpieza a
fondo de su casa, aunque en sí, la casa estaba realmente limpia, pero había un
lugar en el que nunca ha limpiado desde que vive allí: su habitación, por lo
que considero que sería un buen momento para hacerlo, navegando entre montones
y pilas de ropa combinada con papeleos y demás cosas encontró justo en la
esquina de su cama un cofre que guardaba desde niña, un poco grande, pero no lo
suficiente como para no poder cargarlo. Flor, invadida por el deseo de recordar
esa niña dentro de ella, abrió la caja, cada muñeca, cada crayón, cada dibujo,
eran una viva foto de lo que algún día fue, pero había un lugar que nunca había
revisado, el compartimiento secreto de esa caja, donde dijo que guardaría algo
que fuera importante, pero nunca lo hizo, nunca encontró algo suficientemente
importante como para guardarlo, así que por mera curiosidad de ver cómo era por
dentro la abrió, estaba una pequeña cajita de regalo y una carta, ella
asombrada por lo que encontró los tomo de inmediato, abriendo primero la carta;
al leer la primera palabra un flashback de recuerdos, emociones y sentimientos
llegaron a su persona, remontándola a aquel día, donde escribió la carta a
santa, conservada de igual manera, con una pequeña excepción en la parte final
de la carta, pudo haber reconocido esa letra en cualquier lugar “Mi madre” dijo
en voz alta, solamente había escrito un pequeño pensamiento que decía “Las
voces siguen bailando dentro de su ser, solamente tienes que seguir siendo
libre, Flor, no llora, flor se siente en la naturaleza y por eso actúa como
ella, se defiende silenciosamente y solamente muestra lo necesario, por eso
eres Flor, salvaje naturaleza que vives aun dentro de mi” –Estas fueron las
últimas frases que escribió tu padre antes de su infarto, a un lado encontré
esta cajita que no abriré hasta el momento que tu lo hagas… también me menciono
que no necesitaba decirlo, para él siempre serias la mujer más hermosa… su
sangre. Al parecer era cierto lo de la caja, pues se encontraba en perfecto
estado, quizá algo desgastado pero eso más que nada culpa de los años, al abrirlo
pude comprenderlo todo, mis aretes que siempre quise desde niña, los dos
pequeños delfines, corrí a ponérmelos de inmediato, al mirarme en el espejo lo
entendí, me sentía por primera vez hermosa en mi vida, podía bailar por todo el
lugar sin importarme en absoluto, me sentía libre, una naturaleza indomable,
preparada para bailar el último tango. El tango de mi muerte
Extrañaba leer algo así, algo tan bien hecho.
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