sábado, 17 de septiembre de 2016

No llora

Desde que nació decían que era hija de la luna y amante del sol, una bella primavera en  mes de diciembre. Un regalo para los que ven el amanecer por las noches. Sus padres se preguntaban ¿Por qué nunca llora? Inclusive el día de su nacimiento no lloró, solamente gimió tímidamente seña de que estaba respirando. Una bella creación desde sus primeros meses de vida, no era novedad que su nombre fuera Flor, viniendo de una madre naturista y un padre ecologista. Pasaron los meses y al llegar a su primer año, con la inocente ambición de poder caminar, de conocer el primer gran y diminuto problema, los primeros tropiezos, las primeras venditas, pero ella se negaba a llorar, solamente se ponía de pie, con sus dos piernas aun necesitadas de un equilibrio, sus padres, angustiados por el extraño caso de su hija decidieron llevarlo al médico que le tenían mayor confianza, pero después de estudios y rigurosos análisis no encontraron ninguna enfermedad o síndrome que le estuviera causando eso, por lo que solamente le recomendaron tomar abundantes líquidos pues la respuesta más convincente parecía ser la de que sufría deshidratación crónica. Los años pasaron y Flor creció con inmensa seriedad,  pronunciando su primera palabra a la alargada edad de dos años. Los años pasaron y llego la edad cuando se debía cursar el jardín de niños, fue en ese momento cuando por primera vez probo la delicia y el pecado de la inocencia, los niños con los que se rodeo le mostraron a Flor, el mundo inocente que le rodeaba, apago su mente por un segundo y dio paso a que la imaginación hiciera su trabajo, conoció a lo que los niños llamaban Santa Claus y al parecer era un hombre muy bondadoso por lo que le contaron, daba regalos a todos los niños del mundo durante navidad, Flor se encontraba más que fascinada con la idea, no podía creer que existía una persona que fuera tan bondadosa como para hacer felices a todos los niños del mundo. Ese mismo día Flor fue corriendo con su madre a contarle lo que había escuchado, su madre era la mujer en la que mas podía confiar, sabía que jamás le mentiría, por eso le pregunto si realmente existía, su madre al ver su rostro lleno de emoción y alegría, algo que pocas veces había visto en ella le confirmo que si existía, pero lo único que él pedía era que se portara bien durante lo que quedaba del año, a partir de ese momento Flor, con la ilusión de ver en diciembre a ese hombre y recibir de sus propias manos el regalo, se comporto de manera ejemplar en su jardín de niños, con su familia y amigos.
El mes de diciembre por fin había llegado, el frio había arrebatado las hojas de los mas frondosos árboles y los días nublados que parecían más bien oscuros se hacían cada vez más frecuentes, heladas y pequeños rastros de pisos nevados comenzaban a amenazar la salud de Flor, incluyendo la de su padre, pero el destino fue más cruel con él, sufrió de infarto y quedo en coma durante varios meses. Flor no lograba comprender lo que ocurría con su padre. Por lo que su madre solamente le dijo que estaba durmiendo porque estaba muy cansado de trabajar por tantos años y que probablemente tardaría mucho en despertar. Ese mismo día, Flor escribió su carta a Santa Claus, pidiéndole un favor, un intercambio si deseaba tomarlo así, no traerle un regalo jamás a cambio de que su padre despertara algún día, resalto con color negro la frase “Algún día” Pues sabía que no debía presionar a una persona tan bondadosa, y exigirle un día en especifico seria abusar de la bondad de aquel buen hombre, le pedía que por favor le diera algo para que lo despertara, que él lo necesitaba más que ella. Paso navidad y Flor dio por aceptado el trato de Santa Claus al no haber regalos bajo su árbol de navidad, y desde ese día, asistía diariamente sin retraso alguno al hospital, deseaba con tantas ansias contarle todo lo que había aprendido, todo lo que había visto. Cada día le contaba un cuento diferente a su padre, esperando que cuando ella se equivocaba en la pronunciación de ciertas silabas, el despertara para corregirla, pero parecía no funcionar y fue cuando hizo cualquier cosa, desde llevar un zapato de un color y el otro de un color distinto para que despertara y la regañara para que se cambiase cuando pudiera, ponerse ropa nueva para que despertara y le dijera lo hermosa que se veía, pero nada funcionó.
Cuando cumplió 10 años quiso festejar su cumpleaños en el cuarto de su padre, quería comer pastel, incluso le dejaría que soplara las velas si lo quería, su madre sollozaba pero siempre fingía al estar cerca de Flor, no querían preocuparla, no quería verla llorar, ella nunca ha sido así, decidieron esconderle la verdad diciéndole que no podría ver a su padre porque se había ido a trabajar al extranjero, pero no Flor no podía creer lo que le decían, papa jamás se iría sin antes despedirse de mí, decía entre pensamientos. Por lo que, cuando nadie veía, se infiltro en el cuarto, y en la cama donde estaba su padre se encontraba un cuerpo cubierto por una sabana, la curiosidad invadía su inocencia aun de infante, por lo que no pudo evitar, remover la sabana, pero lo que vio fue algo que destrozo su inocencia por siempre, ver a su padre descolorido, con su boca y ojos abiertos y con un olor terrible fue lo que despertó el terror en Flor, quería gritar del pánico, pero callo esos gritos por miedo a que la descubrieran. Aun a pesar de su corta edad, ella sabía con perfección lo que era la muerte y sabía que su padre estaba muerto. Pero la niña no pudo llorar, solamente acepto el destino, se puso de pie como cuando intentaba caminar.
Al no tener una figura paterna que pudiera guiarla y enseñarle como debe actuar un verdadero caballero. No socializaba con ningún hombre, no podía sentir atracción, jamás sintió lo que era el amor. Llegaron docenas de hombres pidiéndole ser su novia, ella solo aceptaba por simple respuesta de reflejo. Pero no era más que cuestión de tiempo para que sus novios se aburrieron al darse cuenta de que era demasiado “fría” jamás dijo un “Te quiero” le importaba muy poco si su novio estaba o no con él. No encontraba algo que compartir con ninguno de los 8 hombres que pasaron por su vida. Solo veía el cielo mientras llovía, su vestido de noche volvía a desvanecerse al sentirse en la soledad tan compañera. Al irse su padre se fue todo aquello que pudo haber aprendido, pero no lloraba, solamente aceptaba el destino tal y como fuera. Su madre preocupada por ella intento llevara a docenas de psicólogos pero ella sonriendo decía “No madre, gracias” Con una sonrisa demasiado convincente, incluso podría parecer que fuera la persona más positiva del mundo, pero la realidad era otra. Los años fuero impregnados en su piel y termino sus estudios. Pasado un tiempo consiguió un trabajo donde podía estar sola, alejada de las personas que, no odiaba, pero tampoco sentía una necesidad por establecer lazos sociales con alguno de ellos.
Durante su cumpleaños número 24 tuvo que quedarse en casa debido a que era su día libre, y al no tener mayor cosa que hacer, decidió realizar una limpieza a fondo de su casa, aunque en sí, la casa estaba realmente limpia, pero había un lugar en el que nunca ha limpiado desde que vive allí: su habitación, por lo que considero que sería un buen momento para hacerlo, navegando entre montones y pilas de ropa combinada con papeleos y demás cosas encontró justo en la esquina de su cama un cofre que guardaba desde niña, un poco grande, pero no lo suficiente como para no poder cargarlo. Flor, invadida por el deseo de recordar esa niña dentro de ella, abrió la caja, cada muñeca, cada crayón, cada dibujo, eran una viva foto de lo que algún día fue, pero había un lugar que nunca había revisado, el compartimiento secreto de esa caja, donde dijo que guardaría algo que fuera importante, pero nunca lo hizo, nunca encontró algo suficientemente importante como para guardarlo, así que por mera curiosidad de ver cómo era por dentro la abrió, estaba una pequeña cajita de regalo y una carta, ella asombrada por lo que encontró los tomo de inmediato, abriendo primero la carta; al leer la primera palabra un flashback de recuerdos, emociones y sentimientos llegaron a su persona, remontándola a aquel día, donde escribió la carta a santa, conservada de igual manera, con una pequeña excepción en la parte final de la carta, pudo haber reconocido esa letra en cualquier lugar “Mi madre” dijo en voz alta, solamente había escrito un pequeño pensamiento que decía “Las voces siguen bailando dentro de su ser, solamente tienes que seguir siendo libre, Flor, no llora, flor se siente en la naturaleza y por eso actúa como ella, se defiende silenciosamente y solamente muestra lo necesario, por eso eres Flor, salvaje naturaleza que vives aun dentro de mi” –Estas fueron las últimas frases que escribió tu padre antes de su infarto, a un lado encontré esta cajita que no abriré hasta el momento que tu lo hagas… también me menciono que no necesitaba decirlo, para él siempre serias la mujer más hermosa… su sangre. Al parecer era cierto lo de la caja, pues se encontraba en perfecto estado, quizá algo desgastado pero eso más que nada culpa de los años, al abrirlo pude comprenderlo todo, mis aretes que siempre quise desde niña, los dos pequeños delfines, corrí a ponérmelos de inmediato, al mirarme en el espejo lo entendí, me sentía por primera vez hermosa en mi vida, podía bailar por todo el lugar sin importarme en absoluto, me sentía libre, una naturaleza indomable, preparada para bailar el último tango. El tango de mi muerte


jueves, 10 de marzo de 2016

Despues de abandonar mucho este proyecto he vuelto con mas historias de viento y anecdotas de vidas ajenas.
He estado encerrado dentro de mis propios paraisos mentales y entre tanto placer y delirio he encontrado esto:

Acojo en mi hogar
Palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera
Examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes
Encuentro a sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un
Sujeto que un día fue su amo
Y de tan creído que era prescindió del predicado

Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados,
A tres adverbios muertos de frío
Y a otros tanto de la raza pronombre
Que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño

Se llama entonces a las palabras que llevan más días abandonadas
Y me las llevo a casa
Las vacuno de la rabia
Y las peino a mi manera
Como si fueran hijas únicas
Porque en verdad todas son únicas

Acto seguido y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones
Les doy un beso de tinta
Y les digo que si quieres ganarte el respeto nunca hay que olvidarse los
Acentos en el patio

A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas
Y yo solo observo como juegan en el patio de un poema

Casi siempre te abandonan demasiado pronto
Y las escuchas en bocas ajenas
Y te alegras
Y te enojas contigo mismo como con todo lo que amamos con cierto egoísmo

Y uno se queda en casa, inerte y algo vacío
Acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio
Siempre fiel, siempre contigo

Pero todo es ley de vida

Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas

https://www.youtube.com/watch?v=9HWow_GWplk

No hay palabras para similar cancion, todo el sentimiento que tengo por las palabras esta descrito en esta cancion, un coleccionista de palabras muertas, de palabras que sus dueños han abandonado por actos de inercia.
Y asi es, si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos silabas